En una entrevista en Onda Cero, ha dicho que se debe tener “mucho cuidado” en ese momento “crítico”, y ha resaltado como un dato “positivo” que el terreno en el que trabajan los mineros a setenta metros de profundidad es duro, lo que evita posibles derrumbamientos aunque ralentiza el avance hasta el pozo, distante unos cuatro metros. “Lo de los cuatro metros es un poco orientativo, porque no hay ningún tipo de dato sobre el lugar al que se dirigen”, ha añadido el exdirector de la Brigada, antes de señalar que “estamos ya próximos”, pero “no hay unas coordenadas” y el menor puede estar “un poco menos o un poco más” lejos de lo que prevén. Los mineros trabajan con una broca de dos metros de longitud, que emplean habitualmente, y también realizan microvoladuras propias del trabajo de minería, y para ello emplean un “tipo de explosivo expansivo, no rompedor. El objetivo es ablandar el terreno para seguir avanzando”, ha explicado Suárez. Durante el trabajo, los mineros se comunican vía telefónica a través de un cable que va dentro de un tubo, y disponen de un sistema de ventilación y otros dispositivos de emergencia, ha indicado el exdirector de la Brigada de Intervención Minera. 

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