Una huida hacia delante. Así califican muchos de sus compañeros las declaraciones de Enrique García Castaño ante el juez. En esa declaración, además de reconocer que suministraba a Villarejo tantos tráficos de llamada como pedía, justificaba una conversación de 2005 en la que hablaba con Villarejo de unos pagos asegurando que el comisario jubilado adelantaba a la Policía dinero cuando era preciso. Según ha podido saber Estrella Digital, la excusa de ‘El Gordo’ ante la justicia dista mucho de la realidad: en la época en la que fue grabada esta conversación, García Castaño no estaba destinado en ninguna unidad en la que se manejaran fondos reservados. Concretamente, el fiscal le pregunta: “Por qué dice yo con cinco me conformo, con cuatro también y José Manuel dice: “Terminamos todos presos ¿Qué significa?”. “El señor Villarejo cuando había problemas económicos para pagar a las fuentes que teníamos en la propia Policía utilizábamos al señor Villarejo, y él nos decía: Aquí tenéis tres mil o cuatro mil, cinco mil o dos mil para quien haga falta hasta que os lleguen los fondos reservados”, es la respuesta de García Castaño.  ‘El Gordo’ ha desarrollado gran parte de su carrera en UCAO (Unidad Central de Apoyo Operativo), órgano encargado de la logística de los seguimientos y los pinchazos en materia antiterrorista. Sin embargo, en 2005, fecha a la que corresponden estas grabaciones, igual que los pagos que habría recibido el comisario, según la Fiscalía, por facilitar al entramado de Villarejo datos reservados, el entonces Comisario General de Información, Telesforo Rubio, decidió cesarle y García Castaño fue relegado a un puesto sin contenido específico dependiente de la DAO. No fue hasta que Rubalcaba ocupó el cargo de ministro del Interior, en 2006, cuando el comisario imputado volvió a su puesto. Fuentes cercanas a Telesforo Rubio reconocen que el cese de García Castaño vino motivado por una falta de confianza absoluta ya que no se fiaba de las formas del comisario, y que, en ningún caso, la Comisaría General de Información ha recibido adelantos de ningún tipo “ni de Villarejo ni de nadie”. “No cuadran ni las fechas. Él no pudo recibir fondos reservados porque en su puesto de entonces no estaba habilitado para recibirlos y mucho menos para Información, donde ni siquiera trabajaba. Deberá buscarse una mejor excusa”, insisten. García Castaño se queda así sin una de las principales coartadas que había esgrimido delante de los fiscales y del juez. Pero, además, fuentes cercanas al caso critican también la explicación que ha dado sobre por qué su mujer y su hija tenían sendos coches BMW registrados en las sociedades de Villarejo. Según éste habría explicado, los matriculó en las sociedades del excomisario por dos razones: en el caso del de su hija, para ahorrarse el IVA y en el caso del de su mujer, para que pasara desapercibido puesto que ésta trabajó en la Brigada de Información de San Sebastián y era muy conocida por ETA. “Si bien es cierto que trabajó de policía de base, es decir, sin ningún puesto de responsabilidad, en San Sebastián y en Información, en años duros del terrorismo, cuando Castaño compró los coches, ETA ya estaba prácticamente liquidada y ya no había atentados”, comentan. Quienes le conocen no se extrañan de la estrategia judicial que está siguiendo García Castaño, en la que ha llegado a insinuar que subdirectores generales de la Policía pudieron participar en el entramado empresarial del comisario retirado José Manuel Villarejo. “Siempre ha sido así, cuando se encontraba acorralado atacaba. Intentará inculpar a todo el mundo antes de asumir su responsabilidad. Desde luego, la imagen de la Policía está quedando por el suelo”, concluyen.

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