“Mi hijo está enganchado al Whatsapp. Si hace algo mal y he de castigarle, lo peor que puedo hacer es quitarle el teléfono móvil. Se vuelve violento cuando lo hago”, asegura Juan, padre de Manuel de doce años. “Sólo tiene doce años y no levanta tres palmos del suelo, pero nos tiene absolutamente aterrorizados. Yo he parido a mi maltratador”, dicen por su parte Blanca, madre de Lucía. “No sólo no voy a recoger la mesa sino que me voy ha quedar a mirarte cómo la recoges tú, que es tu obligación y para eso me has parido”, amenaza David. Tiene siete años y ya es un maltratador. ¿La víctima? Su madre. Las cifras son alarmantes. Cada día se presentan en España casi 13 denuncias por agresiones de hijos a sus padres o hermanos. La Fiscalía General del Estado ha alertado de nuevo sobre el “mal endémico” que, a su juicio, supone el aumento de las agresiones de hijos a padres, un asunto que, según los expertos, es solo la “punta del iceberg”, pues el Ministerio Fiscal se refiere solo a los casos que llegan a los tribunales –4.665 en 2018, 300 más que el año anterior– de menores con edad penal, es decir, entre los 14 y los 17 años. Por su parte, la Fundación Amigó detalla en un informe “que en la mayoría de las ocasiones es oculta”, pues estima que “sólo se denuncia entre un 10 y un 15%” de los casos. En concreto, desde 2013 hasta 2015, los expedientes abiertos a jóvenes por cualquier tipo de delito han disminuido un 10,02% (29.428 a 26.425), mientras que los casos de violencia filio-parental han aumentado un 5,13% en el mismo periodo (4.659 a 4.898), de acuerdo a los datos de Fiscalía. El número de delitos cometidos por este maltrato de hijos a padres supone así el 18,53% del total de delitos cometidos por jóvenes. El trabajo analiza las diferentes memorias regionales de las Fiscalías de Menores de cada comunidad autónoma y revela que Comunidad Valenciana es la región donde se abren un mayor número de expedientes a menores por este tipo de delito (1.056 durante 2015). Le siguen Andalucía con 926, Comunidad de Madrid con 406, 310 en Cataluña y 298 en Galicia, aunque de Castilla y León, Baleares y Murcia no hay datos disponibles. Según Sonsoles Bartolomé, responsable del Departamento Jurídico del Teléfono ANAR, el servicio de la Fundación ANAR, el también llamado ‘síndrome del emperador’, que presentan niños autoritarios y agresivos, comienza a edades tempranas y, en muchos casos, tiene remedio si los padres ponen en práctica, ayudados por profesionales, una serie de pautas para recobrar su autoridad. “Por nuestra experiencia, entre los 14 y los 17 años, cuando las conductas son graves, a los padres les cuesta mucho encauzar la situación y por eso acaban en los tribunales. A veces, este paso puede ser un comienzo, pero tenemos la certeza de que en la mayoría de estos asuntos el vínculo de padres e hijos está roto y es ahí donde hay que trabajar”, sostiene Bartolomé. Este tipo de casos, explican desde la Fundación Amigó no sólo han aumentado en los últimos años, sino que el perfil del infractor ha variado, pues “ya no se limitan a claros casos de exclusión social” sino que “aumentan los casos de adolescentes con graves conflictos familiares que derivan en conductas violentas de manera reiterada en el ámbito doméstico” y son “la mayoría de clase media o alta”. El informe recopila algunos datos extraídos de los estudios al respecto para esbozar el perfil de los implicados en la violencia filio parental y concreta así que se trata en la mayoría de los casos de chicos aunque tiende a aumentar la proporción de chicas, con una edad entre 13 y 17 años, “problemas leves o graves de consumo de drogas”, y bajo rendimiento escolar o manifestaciones de violencia en el centro educativo. En el caso de las chicas, el tipo de violencia que ejercen contra sus padres es de “contenido psicológico y emocional”, mientras que la de los chicos es “más física”. En ambos casos, pueden tener características psicológicas propias como “distorsiones cognitivas, justificación de la violencia, creencias de grandiosidad, suspicacia, necesidad de aprobación, necesidad de control y perfeccionismo, baja tolerancia a la frustración y tendencia a la impulsividad, baja empatía y exposición a la violencia”. Aunque en la mayoría de los casos la violencia filio-parental es un problema aprendido y, por tanto, meramente conductual, en algunos casos puede estar asociada a problemas emocionales y/o psiquiátricos”, añade el informe, que señala como más frecuentes el trastorno obsesivo-compulsivo, trastorno de ansiedad y del estado de ánimo, trastorno negativista desafiante y trastorno por déficit de atención e hiperactividad. En cuanto al perfil de los progenitores que padecen la violencia, si bien ambos pueden ser víctimas, es la madre quien la padece en mayor medida, fenómeno que según los distintos estudios que compila el informe tendría que ver bien con roles de género estereotipados, bien con mayores problemas de autoridad. En la mayoría de los casos, estos padres y madres están entre los 40 y los 50 años de edad y son de clase media o media alta.  “Es de vital importancia dar visibilidad a este problema y actuar desde la prevención para conseguir detectar los casos cuando el vínculo afectivo no está demasiado deteriorado”, concluye la psicóloga de Fundación Amigó, María José Ridaura.

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