En el septenio 2009-2016, la banca privada española se deshizo del 30% de sus plantillas, cerrando un total de 17.019 oficinas y eliminando 82.285 empleos, según datos oficiales del Gobierno a los que Estrella Digital ha tenido acceso. De las 45.660 oficinas bancarias existentes a principios de 2009, quedaban 28.641 a finales de 2016. De la misma manera, los 268.959 empleos de principios del periodo se redujeron a 186.674 al final. Esta masiva destrucción de puestos de trabajo, contrasta con los saneados ingresos obtenidos por el sector en el mismo periodo de tiempo. Pues a pesar de la desaparición de tan significativo número de empleos, o quizá gracias a ello, los beneficios totales de la banca en los siete años sumaron después de impuestos 52.099.478.000 de euros. Según esos datos, el año más duro de la crisis bancaria, 2010, la banca se embolsó casi nueve mil millones y medio de euros, sólo por debajo de los 10,5 del año anterior. Y aunque los beneficios descendieron durante la crisis hasta los 3.458millones de 2012, fueron creciendo progresivamente hasta los 7.346 de 2015, para descender casi mil millones en 2016, con 6.468 millones de beneficio en un año especialmente cruento para los cierres de oficinas, 2.279, y eliminación de empleos, 9.565. No obstante, según datos del Banco Central Europeo (BCE) y Eurostat, España es el primer país en el ranking de oficinas bancarias por habitante de la Unión Europea, tras haber sido el segundo en el periodo 2005-2014. En 2015 disponíamos de 0,67 oficinas bancarias abiertas por cada 1.000 habitantes, aunque en 2005 era de 0,95, sólo por debajo de Chipre, con 1’28. El Estado no recupera las ayudas a la banca A este panorama, desolador para el empleo y exultante para el negocio, hay que añadirle los 61.495 millones de euros de fondos públicos que los gobiernos de Rajoy inyectaron en la banca, según la actualización publicada por el Banco de España en septiembre de 2016, de las que el Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria (FROB) aportó 53.553 millones y el resto, el Fondo de Garantía de Depósitos de Entidades de Crédito (FGDEC), que se nutre de las aportaciones de la banca. Como consuelo, el Banco de España insistía en que tenía en su poder otros 991 millones de euros en “participaciones del Banco Mare Nostrum (BMN) y Bankia, así como las obligaciones obligatoriamente convertibles de Banco Ceiss (ahora opera bajo la marca Banco España-Duero) y Grupo Caja 3”. A fecha actual, la banca apenas ha devuelto una mínima parte de la cantidad recibida de los caudales públicos, aunque en otros países europeos, los bancos han restituido ya gran parte de lo percibido para evitar la quiebra –en alguno, como Islandia, todo–.

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