¿Cómo un puñado de yihadistas pudo acumular en pocos días 345 litros de agua oxigenada, 500 litros de acetona, 25 litros de ácido sulfúrico, 20 bombonas de gas, material electrónico, material de protección de laboratorio etc. sin encender alarmas? Porque los vendedores, los comerciantes, bajaron al mínimo sus exigencias: aceptaron datos de identificación falsos, aceptaron sistemáticamente pagos en efectivo…y todo ello a pesar de que la mercancía la solicitaban unos magrebíes con peticiones tan alarmantes como “quiero llevarme toda la acetona que tengan”. Les extrañó sí, a casi todos, pero ninguno lo denunció. Véase el reguero de ejemplos. El 8 de julio de 2017 dos jovenes marroquíes compran 20 botellas de 250 miliitros de agua oxigenada en el Mercadona  del polígono de Busonis en Sant Feliu de Guixols. “La declarante manifiesta que no es habitual realizar una venta de un paquete entero de agua oxigenada”. Uno de los compradores era el terrorista Mohamed Hichami. El 11 de julio un magrebí se presenta en Industrial Sabonera. Exige 100 litros de agua oxigenada. Se le deniega la venta porque porta datos incompletos, y otros resultarían falsos. Afirma que regresará en breve con la documentación. El día siguiente “un joven magrebí pidió el mismo producto y la misma cantidad del día anterior”. El dueño le preguntó si tenía que ver con la visita de la víspera, y él lo negó. El cliente tomó la matrícula del coche del comprador y su supuesta identidad, Said ben Iazza. Pero el vendedor no miró la foto del nie. Le vendió 4 garrafas de 25 litros de agua oxigenadas. Lo cobró en efectivo. 120,75 euros. El 27 de julio el supuesto Said ben Iazza volvió con otro joven magrebì: pidieron 300 litros de agua oxigenada. La empresa les dijo que sólo tenían 240 litros. Los compraron. Nuevamente, pagaron en efectivo, 276,42 euros. El vendedor comprobó que en la furgoneta de los clientes había tres frigoríficos combi. Tanto para la fabricación como para el almacenamiento del explosivo TATP se necesita frío, razón por la que necesitaban frigoríficos y congeladores. Las dos firmas eran distintas. Abundantes restos de este material aparecieron en Alcanar tras la explosión, incluida una factura con la huella de Younnes Abouyaaqoub. Said ben Iazza, nombre de uno de los terroristas reales, fue usurpado por Youseff Allaa y el acompañante fue el yihadista Mohamed Hychami. El 18 de julio la empresa Pintures Vic vende una garrafa de 25 litros de acetona. Días más tarde, el 25 de julio, el terrorista Omar Hychamy acude para preguntar si tienen acetona. Al día siguente regresa y pide 7 garrafas de 25 litros de acetona. Las paga en efectivo. 580 euros. Este material fue hallado en Alcanar. El 2 de agosto un joven entra en Audí Pintures en Tortosa (Tarragona). Compra una garrafa de 25 litros de acetona. Paga en efectivo. Días más tarde un cliente avisa de que iba a pasarse a comprar acetona. Y, en efecto, llega un motorista acompañado de un vehículo. El motorista le dice que “quería comprar toda la acetona que tuviera”. Le venden 5 garrafas de acetona de 25 litros cada una. Y le regalan una tarjeta de la tienda. El motorista y los ocupantes del vehículo escolta cargan la mercancía. Apareció en Alcanar. El comprador era el terrorista Mohamed Hichamy. El 2 de agosto un magrebí pide que Colors Pintures i Complements en Tortosa (Tarragona) le venda 300 litros de acetona. Sólo pueden venderle 50 litros. Los paga en efectivo. 117,52 euros. El comprador resultó ser el terrorista Mohamed Hichamy. El material acabó en Alcanar. El 2 de agosto Mohamed Hichamy entra en la mercería El Calaix de Ripoll (Gerona). Le pide 17 piezas de ropa negra. Alega que es para hacer baberos. Tela parecida fue usada para fabricar chalecos explosivos en Alcanar. El 7 de agosto un joven requiere en Pinturas Galindo en Vinaroz (Castellón) la venta de 100 litros de acetona. Sólo disponían de 100 litros. No se hizo factura y se pagó al contado 116,23 euros. El cliente era el yihadista Mohamed Hichamy.  Su pedido aterrizó en Alcanar. El 14 de agosto la tienda de electrónica Monsistem de San Carlos de la Rápita (Tarragona) vende 4 pulsadores, dos interruptores y diez bombillas a un magrebí, que pagó 33 euros. El cliente era Youness Abouyaaqoub, el conductor asesino de Las Ramblas. Ese material sirvió para confeccionar explosivos. El 15 de agosto una gasolinera ubicada en Camarles (Tarragona) un joven compra cinco bombonas. Rellena un documento de control. Aporta datos falsos: identidad, domicilio y email. Días después, el 15 de agosto otro magrebí vuelve a comprar cinco bombonas. Nuevamente, los datos son falsos. El cliente real es el terrorista Youness Abouyaaqoub.  El 15 de agosto un magrebí aparca en la gasolinera de L’Ampolla (Tarragona). Compra cinco bombonas que paga en efectivo. Refleja datos falsos en la documentación que rellena. El cliente era el yihadista Youssef Aalla.  El 15 de agosto en una gasolinera de L’Ametlla un magrebí pide la venta de cinco bombonas. Rellena la documentación de control. Los datos son inventados o falsos. Paga al contado. Y se lleva la mercancía camino de Alcanar. Nuevamente, el cliente es Youssef Aalla. El 15 de agosto un magrebí pide en una gasolinera en El Perello (Tarragona) pidió cambiar entre cinco y siete bombonas por otras de otra marca. No se lo aceptaron. Era Youssef Aalla. Se quejó de que en otras gasolineras no le habían puesto problemas para hacerlo. Una empresa, Droguería Roig, declaró a los mossos que vendió garrafas de ácido sulfúrico a la empresa Comforsa de Gerona. En Comforsa trabajaban los yihadistas Mohamed Hichamy y El Houssain Abouyaaqoub. Esta firma explica que tuvieron que comprar un bidón de 25 litros urgentemente porque un container se vació antes de reposición y sospechó de los terroristas. Ese bidón fue robado y llegó a Alcanar: “Podría haberlo hurtado cualquier trabajador de Comforsa, y por ello cualquiera de las dos personas relacionadas con los atentados que habían trabajado en la empresa Comforsa, Hichamy y El Houssain Abouyaaqoub. De hecho, Mohamed Houli Chemlal ratificó que Hichamy traía material fabricar explosivos desde su empresa, Comforsa, ya que alguien de la empresa le dio la llave del almacén.

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