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Kiyomi Cerezo, sobrino del presidente del Atlético de Madrid, firmó en 2011 el cobro del 15% del monto de un contrato del club que preside su tío para remodelar el estadio Wanda, según documentos en poder de este diario. Eso le suponía la concesión de 2,2 millones de euros por una labor de consultoría que el contrato en ningún momento detallaba. Era un contrato casi a ciegas entre el sobrino de Cerezo y el licitador del contrato del Wanda. Kiyomi Cerezo exigía tal porcentaje cuando fuera adjudicada la obra. Decía contar con todo tipo de medios personales y materiales, algo de lo que no existe constancia documental, para la ejecución de esa consultoría que apenas se describía. Sólo se indicaba que su labor era aportar “el conocimiento que tiene del proyecto y del sector”. Pero si la razón del cobro del  15% de este proyecto de remodelación del Wanda era vaga en el contrato, su carácter imperativo no dejaba lugar a dudas.  El contratista del Wanda estaba obligado ineludiblemente a subcontratar a Kyomi Cerezo. “La prestación de la actividad objeto del presente contrato se realizará por parte de la consultora sin gozar de exclusividad, salvo en el cliente con el que se contrata este proyecto, es decir el Club Atlético de Madrid. La consultora será, para dicho cliente, la única consultora que contrate…de manera exclusiva, que no podrá contratar este servicio con dicho cliente de manera directa”. El párrafo pactado por el sobrino del presidente del Atlético de Madrid dejaba claras varias cosas: la empresa a la que la consultora de Kiyomi Cerezo quería cobrar su 15% era libre de actuar en cualquier escenario sin utilizar sus servicios. Pero si era contratada por el club que preside Enrique Cerezo, la adjudicataria estaba obligada a tal peaje a Kiyomi Cerezo con carácter exclusivo. El sobrino del presidente del Atlético, significativamente, admitía por escrito que no podía contratar “de manera directa” con el club rojiblanco. Kiyomi Cerezo no explicaba por qué no podía o debía figurar como adjudicatario de un contrato del club de su tío. Pero este leonino contrato no sólo era caro si se ejecutaba. Costaba igual si el contratista rescindía el contrato con Kiyomi Cerezo. “En caso de incumplimiento de lo anteriormente pactado tendrá derecho a un porcentaje del 15% del total de la cantidad por la que haya contratado (…)”. Kiyomi Cerezo se garantizaba el derecho al cobro del 15% tanto si se cumplía o no su contrato con el adjudicatario del Atlético de Madrid. Pero, al mismo tiempo, se otorgaba el derecho a ceder a quien escogiese, persona física o jurídica, este contrato que le reportaría más de dos millones de euros al beneficiario. Y el contratista del Atlético de Madrid no podría rechistar sobre el heredero designado del 15%: “no pudiéndose negar a dicha cesión o subcontratación siempre que no tenga algún conflicto competencial”. Los expertos consultados sobre esta operación mercantil muestran su estupor sobre esta extraña consultoría del 15%: igual que se firma se delega en otro sin que la empresa que paga pueda opinar sobre el destinatario de su dinero. Kiyomi Cerezo decía tener todos los medios materiales y técnicos para tal consultoría sobre el proyecto del Wanda, pero sólo él podía elegir al heredero de su contrato, sin que el adjudicatario pudiese validar si era igualmente solvente o no para el compromiso firmado con el Atlético. El adjudicatario del contrato del Wanda tenía que asumir sin pestañear el consultor que escogiera Kiyomi Cerezo.

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